Liberación perdida en los tejados matutinos,
se acaban las oportunidades eternas,
los gatos se pasean buscando en el horizonte alguna compañía inquieta.
El sol comienza a alumbrar lo grisáceo de la realidad,
sin embargo nada parece cambiar.
El ahogo parece ser siendo constante,
la superficialidad cada día gana más puntos,
los valores sólo cuentan si son pagados,
las miradas siguen siendo vacías,
llenas de sumisión,
llenas de indeferencia,
llenas de arrogancia perdida.
No necesito un 21 de diciembre para saber que el mundo se va acabar.

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