Quise lustrar más de una vez mis botas,
para ver si ahora el cielo me soporta,
casi ahogo mis lecciones de vivir la vida,
atrapada en un eco de saliva.
Cuando el silencio se ahorca un rato
en un nicho de zapatos,
siempre que la luna no sonría
y que siempre se acaba la comida.
Ya no escucho venir tu voz,
cuando la siento sé que es peor.
Cuando respiro el murmullo de tu oído
y siento que tu ombligo se descara,
nuestros ojos ya no sienten el sonido,
las caricias del amanecer parecen rotas,
con el viento que trae una lágrima rota,
el ocaso se come sus desgarros
y yo,
yo muero con palabras secas.

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