Y se torna azulado- le dijo la mami Chela- con tono despreocupado- y así es como se tiñe la tela pos mija, ahora la dejo, que tengo que ir a ver las papas.
Y así mamá Chela cruzó el patio y entró a su templo inamovible; la cocina. Ahí se pasea gran parte del día, se levanta a las seis para el desayuno, termina el desayuno, asea el hogar de una “patá” y a las 10 ya está preparando el almuerzo que se sirve a la 1, menos mal que está la Charito que le ayuda con los platos, si no, la pobre no se podría tomar la siesta inmaculada de todos los días, siesta de media hora con la que queda “como renova’”, asegura con su voz llena de fuerza, lista pa’ preparar la once donde los manjares habituales del campo abundan en la mesa matriarcal.
Cuando mi edad era corta, mamá Chela nos mandaba ordeñar la vaca temprano y más aún recuerdo su cara cuando el Nacho, bueno para ella su Nachito la mandó a la punta del cerro y le dijo que “la cortara que estaba cansado pa’ ir a ordeñar la vaca”
-¿Ah si? Y cansao’ de que se puede saber cabro e’ moledera- le dijo mi abuela tan fuerte como la voz de un gallo al saludar el sol.
Justo detrás, la Charo irrumpió en la habitación y le dijo a mi abuela “Es que el cabro se cree grande ahora, por que se quedo tomando con el Pedrito hasta las tantas en el trigal y, eso no es to’ llegaron abrazados cantando rancheras, los muy rotos me sacaron del sueño y a palos los tuve que mandar a la cama.” Cuando la Charo contó los sucesos matutinos, la cara de mamá Chela se fue tornando de un color rojizo, mientras el Nacho se hundía más en la almohada y las sábanas lo tapaban hasta el cogote.
- ¡Ignacio Damián Soto Flores! ¡No me digai chiquillo de porquería que se tomaron el enguindao’ de tu abuelo!- le gritó con humo en las orejas
- No sé abuela, primera vez que bebo, yo tomé una botella roja pasá a jarabe y salimos con el Pedro y, ahora que sabe toda la verdad ¿me podría dejar dormir por favor?
- No, no, na’ aquí de que quiero dormir, la noche se hizo pa’ dormir mijo, si usted está en el campo y si está en el campo me respeta las reglas del campo pue’, aquí no anda na’ en Santiago, si uste se fue de jarana, como buen huaso que lleva en la sangre, se me levanta al alba aunque haya pegao’ un ojo de 10 minutos- le decía mientras le quitaba la almohada y el Nacho se escondía entre medio de las tapas – No luche contra la corriente, que es imposible mijito, si yo le dije que se levantaría y se va a levantar a ordeñar la vaca, aunque sea yo misma el que lo tenga que carhgar hasta allá.
Después de tanta lucha el Nacho se cabreó y le gritó a mi abuela un rosario completo, mientras a ella se le puso el rostro de mil colores. Todos los que escuchábamos la escenita, pensamos que mi abuela se le iba a tirar a palos al Nacho, pero en vez de eso se oyó un silencio mortal.
La Charo terminó ordeñando la vaca, mamá Chela encerrada todo el día en la pieza y el Nacho de vuelta a Santiago.
Nunca nadie le había hablado así a mamá Chela, después de aquél episodio no volvió a salir de su habitación, el Tata trataba de animarla de mil maneras, si hasta cocinó para ella, una cazuela maoma sí, es que la de la mami Chela son las mejores del mundo. Tanto así que mi mami, le pidió la receta de la cazuela, por que mi papi no se come todo el plato cuando ella hace y cuando vamos al campo se repite. Debe ser frustrante igual para una mujer, que el marido prefiera la comida materna. La cosa es que mi abuela le dio la receta y nada, mi mamá estaba más preocupa’, así que llamó a la mami Chela y le contó su drama, no sabía que pasaba si la había seguido paso a paso.
- Es que usted es de ciudad pos mija, el ingrediente secreto es haber nacido en el campo y ponerle el hombro a diario con mucho amor- después de esto colgó y dejó a mi mami boquiabierta, de ahí que nunca más hizo cazuela la cambió por carbonada y le fue mejor con mi papi.

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